
Alguna vez fui un músico y mi vieja mi sello y representante, la figura imponente e implacable que decidía todas las cosas importantes de mi carrera existencial. Quien me obligaba a componer e interpretar mi vida a su manera, a cambio de proyección y rotación en las radios. Una que no me permitia improvisar y me hizo ensayar según sus propios arreglos. Esa cuya influencia se nota al verme y escucharme.
Ella insistió durante toda mi (ex)carrera musical, yo no podía desafinar. No lo hubiese permitido. Mi vieja quería que viviera por ella, que corrigiera sus errores y alcanzara así los aplausos y la admiración que ella no tuvo; quería que fuera un artista como ella nunca soñó ser.
La primera pifia de mi carrera la gritaron mis amigos. Dijeron que era tiempo de crecer y liberarme, que no se llega a ser un gran artista con mi estilo de pop católico virginal. Por primera vez escuché la canción de mi vida interpretada por ellos: esa era mi composición y ellos la estaban cantando; una melodía que había escuchado tantas veces en mi cabeza pero que nunca me atreví a cantar frente a nadie.
Mi vida está en otra parte y no en el camino a los premios internacionales y a los mega conciertos que mi vieja quería que recorriera. Ella me encandiló con la misma luz un poco más de diecinueve años, el foco era tan potente que solo podía ver a mi familia aplaudiendo en la primera fila sin notar que en el resto del lugar todos los asientos estaban vacíos. "Quiero salir de esta sala y dejar atrás este escenario", dije un día.
Mamá trató de explicar mi vacío diciendo que aún no terminaba el ensayo general. Yo le dije que no quería seguir así ya que la vida es composición e interpretación al mismo tiempo, que uno no puede estar ensayando toda la vida, esperando miedoso que llegue la oportunidad de debutar frente a un público desconocido. Le dije que me gustaría tener mi propio sello y ser libre, pero que tengo terror de lo que hay afuera. Empezar tocando en un bar, olvidarme de las proyecciones que ella aseguró, comenzar la búsqueda de un estilo diferente y original. Mi propio estilo. Le estaba pidiendo ayuda, pero ella fue quien me mostró por primera vez la salida por la puerta de atrás. Me apagó las luces y me dejó desorientado en el mismo escenario donde he ensayando siempre. Y lo hizo con crueldad, cinismo y seguridad, porque sabía que no podría tomar mi bolso y simplemente salir, ya que es ella quien posee los derechos de autor de mi nombre, mi estilo, mi música y mi vida.
Ella insistió durante toda mi (ex)carrera musical, yo no podía desafinar. No lo hubiese permitido. Mi vieja quería que viviera por ella, que corrigiera sus errores y alcanzara así los aplausos y la admiración que ella no tuvo; quería que fuera un artista como ella nunca soñó ser.
La primera pifia de mi carrera la gritaron mis amigos. Dijeron que era tiempo de crecer y liberarme, que no se llega a ser un gran artista con mi estilo de pop católico virginal. Por primera vez escuché la canción de mi vida interpretada por ellos: esa era mi composición y ellos la estaban cantando; una melodía que había escuchado tantas veces en mi cabeza pero que nunca me atreví a cantar frente a nadie.
Mi vida está en otra parte y no en el camino a los premios internacionales y a los mega conciertos que mi vieja quería que recorriera. Ella me encandiló con la misma luz un poco más de diecinueve años, el foco era tan potente que solo podía ver a mi familia aplaudiendo en la primera fila sin notar que en el resto del lugar todos los asientos estaban vacíos. "Quiero salir de esta sala y dejar atrás este escenario", dije un día.
Mamá trató de explicar mi vacío diciendo que aún no terminaba el ensayo general. Yo le dije que no quería seguir así ya que la vida es composición e interpretación al mismo tiempo, que uno no puede estar ensayando toda la vida, esperando miedoso que llegue la oportunidad de debutar frente a un público desconocido. Le dije que me gustaría tener mi propio sello y ser libre, pero que tengo terror de lo que hay afuera. Empezar tocando en un bar, olvidarme de las proyecciones que ella aseguró, comenzar la búsqueda de un estilo diferente y original. Mi propio estilo. Le estaba pidiendo ayuda, pero ella fue quien me mostró por primera vez la salida por la puerta de atrás. Me apagó las luces y me dejó desorientado en el mismo escenario donde he ensayando siempre. Y lo hizo con crueldad, cinismo y seguridad, porque sabía que no podría tomar mi bolso y simplemente salir, ya que es ella quien posee los derechos de autor de mi nombre, mi estilo, mi música y mi vida.
Comentarios
Te quiero caleta amigooo... ujalá sigamos siendo eternamente hermanos... como los miles de años que llevámos siendolo...
ya amigo q estes bien y sigueme contactandome de alguna manera para q vaya leyendo tus blogs... luchop..
al menos es un pekeño piso k voy llenando en mi conciencia...eso me deja mas k feliz...
espero k algo similar te ocurra ...
en el tiempo k te conozco creo k ese miedo ya lo tienes bieen de ladooo...aunk nunca esta de + tenerlo..en el buen sentido siempre es algo k sirva para construir un buen camino y saber donde marcha mal...
aunk en este rato eo k todo marcha
bien.....kiza el momento de levantar el telon llego..y la inspiracion proviene de los nervios previos a enfrentar a la audiencia..eejeje....lo k comprendo perfectamente..a mi me da terrorrrr...pero..supongo k ira decreciendo en el tiempo..
creo k rapidamente -si ya no ocurre- te sucedera a ti..y no creo k me ekivoke alguien estara a tu lado....
espero podamos seguir hablando de la vida y otras hierbas...
eje..en extrañas circunstancias de la vida nos juntamos..y + extraño sigue siendo este mundo en el ke nos conocemos..ejej....un saludo..
enrike/kike