...Apareciste de frente a mi a eso de las 7 de la tarde y, automaticamente la transformaste en la noche más oscura de mi vida.
El invierno de ese julio me congelaba, por lo que no me sorprendió verte acercar con las manos en tus bolsillos, casi ni me dí cuenta cuando sacaste el puñal, me embestiste, tomaste lo que considerabas valioso y te fuiste sin importarte mucho lo que pasara conmigo, el trabajo ya estaba hecho.
Y ahí me quedé, pecho abierto, manos sangrando y mirada perdida al cielo, un cielo que estaba a punto de conocer; cerré los ojos y agitado, pero tranquilo, me dejé llevar hacia ese lugar donde la trascendencia comienza y que siempre me habían prometido: "¿Así que este es el fin?", fue lo último que recuerdo haber dicho antes de cerrar los ojos y esperar a que sucediera...
... No podría explicar con palabras que me pasó, fue simplemente una emoción, sentimientos, pasión... ¡Sí!, pasión fue lo que me hizo despertar, pronuncié un ¡NO! al mismo tiempo que comprendía que mi hora no había llegado, que aún me quedaba mucho por amar, sufrir y vivir. Insulté a mi destino diciendo que tendría que golpearme con algo más fuerte que que esto para poder abatirme.
Con todas las pocas fuerzas que me quedaban me puse de pié y comencé a luchar recorrer el camino que me permitiría vivir el resto de mi vida. El camino se me hizo eterno hasta que pude encontrar la salvación en brazos de mi querida hermana, la que es resposable, en parte, que esté vivo para contarlo.
Tiempo después supe que menos de una semana después moriste en tu propia ley, mientras que por años te mantuviste vivo en las pesadillas que me despertaban a media noche.
...No sé donde te encuentres ahora pero, Iván Vargas, te perdono por todo lo que hiciste la noche del 7 de julio de 1997.

Comentarios