Alguna vez regalé 256 globos, globos obtenidos de la más mamonamente romántica de las formas. Los regalé porque creía, porque siempre he hecho lo que siento y dicho lo que pienso.
Ahora creo que fue una estupidez haberlo hecho... Pero una estupidez bonita.
Es gracioso mirar atrás y recordar lo que alguna vez hice por creer en las personas o, simplemente por seguir tus convicciones.
Hubo un tiempo donde también contaba esas anécdotas, no por agrandarme, sino porque simplemente me permitían resucitar, al menos mientras duraba el relato, aquello muerto que solo vivía en mi memoria.
A veces recuerdo y me da pena, algunas me da rabia; pero lo que más siento es ver cuanto he cambiado desde aquel entonces: Del niño impulsivo al adulto moderado, del pendejo avasallador y sobrado al adulto respetuoso y modesto, de vivir en las nubes a caminar firme sobre el suelo.
... Alguna vez regalé 256 globos que me recordarían por años una tristísima experiencia y, aunque ahora me doliera el doble, sé que lo volvería a hacer.

Comentarios