Cerulean

No importa si haces bien o mal el trabajo, al final lo único que importa es si caes bien o no.
En el colegio era súper fácil ser un hijo de puta: Les caía a todos mal, pero tenía las mejores notas, lo que me permitía ser déspota, pesado, arrogante y mirar en menos sin apenas consecuencia social. En la universidad fue similar mi actitud pero, ¿Y en el resto de la vida?
En el resto de la vida me ha ido ahí no más; digamos que el mundo es muy grande y te encuentras con gente inteligente que te hace quedar como tarado todos los días, mientras sigues siendo el mismo hijo de puta que cuando no eras más que un pez grande en una pecera pequeña.
¿Cambiar? Sí. 
¿Renovarme? Sí.
¿Usar la inteligencia emocional para algo distinto a mi beneficio propio? Definitivamente.
Tengo que recuperar la bondad intrínseca, las ganas de sonreír, la alegría que tantos malos momentos me hicieron esconder.
¿Lo bueno de querer hacerlo ahora? Lo bueno es que ya no tengo miedo, no necesito ser huraño para darme a respetar, no necesito odiar al mundo por mis problemas porque sé como resolverlos.
La vida me ha dado muchas oportunidades que he mandado a la cresta, tiempos movidos en los que he tomado decisiones apuradas y antojadizas. 
Ahora es diferente, la vida me regala paz, la vida me regala calma. Paz para pensar en todo lo que tengo pendiente, calma para resolver cada una de mis asperezas mentales.
¿Lo lograré? Eso espero. La limpieza de personas nefastas en mi vida parece estar dando resultados: Ahora puedo decir con tranquilidad y humildad que cuento con amigos -pocos, pero increíbles- que me están ayudando a ser mejor persona, más humano y menos robot.
El camino es largo y mi mochila es liviana, no tengo idea cuánto tiempo tomaré convertime en alguien del que por fin me sienta orgulloso de ser... Pero el logro de mirarme en el espejo por las mañanas sin recriminarme, sino mas bien dándome ánimos para el día que comienza, les juro que es un excelente comienzo.

Comentarios