Got The Feelin'

Verano del '98 y nadie parecia realmente estar preocupado sobre el paso del tiempo. Nadie excepto Manuel y Yo.
Nos conocimos apenas llegué al hotel el lunes anterior: Bajábamos las maletas del auto y fue a buscar una pelota mal pateada que quedó justo al lado mío. Nunca supe si ese pelotazo en falso fue más bien una muy buena manera de llamar mi atención.
Habían cerca de 8 niños de nuestra edad en ese lugar -Todos hijos de compañeros de trabajo de mi padre, ya que la empresa arrendaba el lugar para los empleados durante cada verano- y, de esos, Manuel era lo más: Capitán del equipo de futbol que él mismo había improvisado, jefe de una improvisada compañía de teatro con la cual le dábamos obras todas las noches a nuestros sorprendidos padres, coreógrafo de un mini colectivo para enseñarle a bailar a unas abuelitas que vivían ahí. 
Manuel era el líder del grupo y el favorito de todas las mamás... El tipo más zorronamente bacán de la galaxia antes mis ojos de prepuber.
Estábamos todo el día juntos, me enseñó a jugar tennis, futbol, algo de rugby, cosechar los árboles para que dieran mejores frutos e incluso cómo acariciar a cada perro para que siempre te moviera la cola sin importar lo mucho que te estuviera ladrando -Táctica que, hasta el día de hoy uso-. Manuel era el motivo por el que me levantaba y la razón por la que no me quería acostar por las noches, creo que estaba enganchadísimo, pero lo callaba porque "Está mal", "Es un error", "Alicia era tan linda y yo le gustaba, debería estar más con ella".
La última noche, ensayando una canción de Five, por algún motivo que desconozco la muy zorra de Alicia va y le roba un beso al chiquillo de mis ojos. Me dieron ganas de pegarle, agarrarla, patearla -pero eso está mal, los niños no le pegan a las niñas- y sólo atiné a irme, salir corriendo. Me fui al techo de esa casona en la cual estaba seguro que nadie me encontraría, mientras escuchaba la gente allá abajo llamándome, como si todos creyeran que había salido a la calle.
Mirando el cielo claro de febrero y cuestionándome todo -No podía gustarme un hombre, eso está mal, tiene que haber un error, estoy enfermo- llega él, sin ánimo de nada a sentarse al lado mío. Me pregunta sobre por qué había escapado, intercambiamos un par de palabras que no puedo recordar y se acercó: Ambos tiritábamos, pero aún así nos abrazamos como pudimos. Era como si se sintiera culpable de haberme robado el beso, pero traté de demostrarle que también quería, que ese sentimiento de error y duda también lo sentía. No sé cuanto duró mi primer beso con otro hombre, pero si sé como terminó.
-¡¡¡¡¡¡¡Maricón!!!!!!- Era su papá, a tres metros de nosotros, quien en dos pasos llegó, lo tomó del brazo, le pegó una cachetada y se lo llevó tan súbitamente como apareció. No sé bien qué hice ni como llegué a mi pieza, lo único que recuerdo era lo asustado que estaba con todo lo que pasaba.
Al día siguiente nos íbamos, todo el mundo se iba, y Manuel no estaba por ninguna parte. Con todo empacado mis viejos me pedían que me subiera el auto, pero me demoraba diciendo que se me había perdido algo y, era verdad, se me había perdido mi amigo y con él muchas cosas que quería preguntarle.
De pronto vi el auto de sus papás, iba atrás con la ventana abajo, su viejo aceleró cuando me vio pero pude alcanzarlos cuando esperaban que se abriera la reja de salida. Manuel lloraba mientras su papá gritaba. Lo último que escuché fue "Te prometo que nos volveremos a ver" con esa voz fuerte, de liderazgo, esa voz que cuando todo esta mal te reconforta, aunque sabes que nada puede arreglarse...
Mis papás nunca entendieron por qué me fui tan callado de vuelta a casa ni por qué nunca quise volver a ese lugar... Y yo tampoco recuerdo por que no quise volver.
Lo único que recuerdo es que, al igual que esa noche en techo, suena "Got The Feelin'" de Five en los audífonos y lo único que quiero es que Manuel, algún día, cumpla su promesa...

Comentarios