En mis tiempos universitarios tenía a mi "Círculo de hierro": Seis amigos íntimos, inquebrantables y omnipresentes que elevaban mi ser y lo protegían contra cualquier adversidad, seis amigos por los que hubiese dado la vida, ya que sabía que también la darían por mi.
Hoy, en mi situación adulta la cosa es diferente... De mi círculo de hierro, los que no se han casado están fuera del país e irremediablemente lejos.
Debo admitirlo, el círculo era lo que me sostenía, aquellos pilares fundamentales que me servían para definir todo mi ser. No éramos nosotros, sino que cada uno era parte de un todo, piezas funcionales con motivos específicos para mantener el sistema girando.
Eso explica lo que llevo sintiendo este tiempo: Sensación de exilio... Y es que me sentía nada sin mis complementos, no era más que una pieza inservible fuera de su sistema, un tornillo oxidandose esperando encontrar una tuerca en donde encajar.
Y así es como me siento ahora. Aislado, incomprendido, alineado y fuera de lugar constantemente. Lleno de dudas que nadie puede contetar, lleno de miedos que no me atrevo a confesar por el rechazo, miles de ideas en la cabeza guardadas por no tener tierra firme donde germinar.
Tengo que decirlo, con mis amigos hice cosas geniales y poco alcanzables para la mayoría, cosas que me hicieron creer que era el tipo más bacán de la galaxia, porque en ese entonces no podía comprender que mi éxito no era mío, mi éxito era de ellos, esa misma sensación de superioridad fue la que los terminó alejando... Porque siempre hay un tiempo, porque las excusas son solo para tapar las verdaderas emociones y un "Sorry, hoy no puedo" no es suficiente cuano la intención real existe.
Solo, alineado y desconfiado es como enrento la vida hoy mismo, los audífonos se han convertido en mi mejor compañía y definitivamente no confiaría en nadie de los que veo a menudo.
Ya no vale llorar por lo pasado...
Si alguno de mis amigos, de mis reales amigos, puede leer esto, sólo quisiera decirles que me cortaría un testículo por volver a formar el grupo, que ni el psiquiatra, ni el alcohol, ni las drogas ni hacer daño y ni siquiera la violencia funcionó para llenar el vacío que siento. Que me convertí en un tipo frío, apático, pero que aún me resisto al cinismo, la rutina y el conformismo... Que son lo que más he querido en la vida y que, a pesar de la optimista actitud que muestro o mis alegres publicaciones en Facebook, la decadencia va en aumento y nada de esto está mejorando.
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