Anonymous

He estado viajando últimamente. Lugares lejanos, donde nadie me conozca, donde pueda inventar de nuevo mi identidad caaaún,únda vez que lo necesite.
Este viaje no ha sido gratis, lo he pagado de la forma en que la biblia me prohibía comportarme... Pero me da lo mismo, sé que en algún lugar de esa enorme ciudad llamada Santiago de Chile aún está la cama más cómoda del mundo y, cuando me aburra de probar tanta cama ajena siempre estará ahí, esperándome.
O, al menos, eso es lo que me repitió cada vez que, como ahora, amanezco en una cama anónima, con alguien más anónimo  roncando a mi lado.

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