You've got to get yourself together

De pronto reaccionas y miras por sobre tu pantalla, la misma oficina, los mismos colegas, las mismas caras de siempre que sabes que, de una u otra manera, te venderán para complacer al jefe si pueden sacar réditos de ello.
Miras el escritorio, ahí mismo sigue el iPhone, tu libreta con las notas para la presentación con los japoneses y el religioso vaso de agua que tomas siempre a las 11:30 -porque dejaste de tomar gaseosas para poder bajar un poco la panza-.
Todo está igual pero, por dónde andabas? Dónde se fue tu mente en esta mañana de martes que de pronto lo miras todo como si acabara de llegar?

- En serio pensaste que serías feliz? En serio le creíste cuando decía que sería para siempre?
Lo peor es que no es primera vez que te lo hacen, dar todo y recibir muy poquito. 

Extrañas a tu madre, a que a pesar de su genio de mierda -el mismo que heredaste- te expresaba su cariño haciéndote uno que otra comidita rica, sobretodo los días de lluvia como este.

Recuerdas los momentos con tu hermana cuando eran niños, donde se ponian a ver películas de la tele juntos y luego se hacían los dormidos mientras conversaban despacito si luego de la última pelea sus papás sí se divorciarían esta vez.

Pero por sobretodo extrañas las pequeñas cosas: Estar en el sofá viendo películas en invierno,  cocinar la cena para alguien que, aunque te quede mal te dirá que está deliciosa, que te inviten a caminar, manejar tomados de la mano, sin ningún rumbo fijo.

- Extrañas conectarte con alguien -

Piensas en lo que te duele, en lo mucho que sufres en las noches y el insomnio que te tiene preso hace meses y que ya ni levantando pesas puedes controlar.
Te nace una sensación en el pecho, de pronto ese calor va subiendo por los hombros, la cabeza  se vuelve una brasa, miras abajo y ves como una gotita cae de tus ojos. 

- Notificación de calendario "Reunión con Nakamura & Co. a las 11:50" -

Secas los ojos con las manos y te levantas, ajustas tu traje de marca, tomas el iPad y te diriges a la sala de reuniones, saludas con una invencible y victoriosa sonrisa -que evidencia lo perfecta que es tu vida- a todos esos asiáticos que te importan un bledo, y  tratas, como sea posible, de achicar tus emociones y esconderlas bien por un rato. Ya tendrás tiempo de llorar al sentir el vacío en tu cama, ya habrá tiempo de colocar todas tus  partes juntas esperando que, algún día, puedas llegar a sentirte mejor.

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