Llámame
psicótico, llámame sádico, pero es que te amo, lo sé, te amo en serio.
Amo cuando
estás llorando, amo verte histérico, amo cuando estás llorando en el piso y
preguntándote qué hiciste de mal.
No sé en
qué minuto el amor romántico y lleno de bondad que sentía hacia ti se
transformó en esto. Yo te amaba en serio, hubiera dado la vida por ti, estuve a
punto de cambiar de país por ti, perdí mi empresa y me peleé con mis amigos por
ti.
… Sé en qué
momento cambió todo en verdad, fue cuando estaba listo para embarcarme en algo
a ojos cerrados y tus miedos y fantasmas me reventaron en la cara, a mí, que no
tenía nada que ver y hasta el momento solo te había hecho bien, en ese momento
supe que no valías más las penas, que eras sólo una marioneta adicta a ser
usada, una pobre alma ansiosa de encontrar co-dependencia en otra.
Sí, la
verdad es que me gusta verte mal, me gusta que trates de alejarte, que me
bloquees y me elimines de todos lados, me gusta que pelees conmigo y me grites
que te arrepientes de haberme conocido, sólo para que luego de dejar de verte
dos semanas no puedas evitar caer de nuevo en mis brazos a la más mínima
muestra de afecto.
Me gusta
verte llorando, todo frustrado y sintiéndote el único responsable. Me encanta
ver cómo te culpabilizas y reprimes al mostrar tus sentimientos, sólo para que
con mis comentarios te confunda aún más para deprimirte y ahogarte en tus
inseguridades.
Me gusta
ser mierda contigo, me gusta que te pongas mal, me gusta reavivar tus peores
fantasías, me gusta porque siento que soy la mano del karma que vuelve para
cobrarte todas las emociones que en algún momento le hiciste sufrir a quizás
cuantos antes que yo.
Y también
me gusta cuando lo pasamos bien, debo admitir que me has dado el mejor sexo que
he tenido hace tiempo, que nos reímos todo el día cuando ando de buen ánimo y
te gusta lucirme frente a esos tres amigos que me quieren probar. Me cae bien
tu madre, que piensa que soy lo mejor que podría haberte pasado y que nuestras
peleas son siempre culpa tuya. Odio eso sí a tu mejor amiga, esa maldita
lesbiana que piensa que va a poder sacarte de nuestra hermosa dinámica; pobre
ilusa.
La escena
que te hice hoy estuvo buena, la verdad es que la foto que subiste a tu perfil
no tenía nada de malo y ese tipo quien te comentó jamás será mi competencia, de
hecho, poco me importó lo que te dijo… Pero
es que estaba aburrido, los días nublados me bajan el ánimo y quería verte
llorando un poquito antes de devolverme a casa.
Ahora mi
celular no para de sonar, 34 mensajes por whatsapp… No leeré ninguno, lo más
probable es que te bloquee, deje pasar unos días, un par de semanas quizás, el
tiempo justo en que calculo que te estarás recuperando y, en ese preciso
instante llegar y romperte nuevamente, para recordarte que no eres lo suficiente
capaz como para estar bien por ti mismo.
Te amo, te
amo porque eres un capricho, la última expresión de mi superficialidad
inmadura, te amo porque eres mi juguete, y aún me falta mucho para aburrirme de
jugar contigo.
No escuches
a los otros, te amo y eso es todo lo que necesitas.
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